En este inmenso océano en el que lanzamos nuestros deseos querríamos saber si llegarán a algún puerto.
Nadie lo sabe, lo único que podemos hacer es probar, enviar la botella, dar un paso y mirar cómo se aleja.
¿Alcanzará la ingravidez tu deseo o se quedará vagando por el océano, prisionero como una piedra de la gravedad?
¿Quién puede medir la fuerza de los vientos? ¿Quien quiere ser navegante sin subirse en un barco?
Quizás los delfines o los tiburones acompañen a tu botella, pero más allá de la poesía sólo queda la vida.
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